jueves, 23 de abril de 2009

El espejo

¿Se puede luchar contra el cambio de los modos de hacer las cosas? Francamente me está costando evitar operar como lo he hecho hasta ahora, quizás necesite ser así para ser plenamente sincero conmigo mismo, aun así me cuesta trabajo comprobarlo. Mil lenguas de hielo congelan mi corazón a veces, a lo mejor hay una desaprobación colectiva sobre la legitimidad de mis propios sentimientos… Oh, ya has vuelto a intentar racionalizarlo todo, ¿acaso pretendes ocultar que te mueres por escapar de la jaula que tú mismo te has creado? A lo mejor es hora de derretir la estatua de hielo en la que me he convertido, pero también es probable que si lo hago la desaprobación sea colectiva, de nuevo… ¿Mostrarme sincero con los demás o simplemente limitarme a guardar mis cosas para mí? Necesito gritar, pero sería como profanar algo que se presume como puro, pero es que ese tipo de cosas no se pueden gritar así como así, o al menos yo me veo incapaz de hacerlo.

Si pudiera tan siquiera pronunciar lo impronunciable y guardando el encanto que me invade en este momento… Si pudiera ser plenamente sincero sin banalizarme en bocas inmundas, nada me deja saltar al vacío, nada me deja morirme de deseo y nada, nada logra quitarme el miedo que me invade.

Anoche la ignorante inocencia se cayó por la ventana de un palacio en Luxemburgo, algo me borró de la mente la necesidad de hacer del mundo un lugar algo más cómodo con mi incesante aliento deflagrador. Pero es la brisa que me acaricia al caminar la que me recuerda que algo no va bien del todo, que algo tiene que ponerse en orden y que no puedo quedarme contemplando el vago transcurso de mi vida sin hacer nada para remediar los incoherentes vaivenes de mi inestabilidad emocional.

Y esta noche estaré loco de nuevo, estaré gritando en sueños y maldeciré mi destino, mi maldita imprudencia. Me lanzaré al vacío con el único propósito de poder gritar desde abajo, y mañana al levantarme volveré a poder ser libre, aun deseando estar atado, pero con la certeza de que si eso no es posible lo mejor es seguir volando, puesto que si algo puedo tener claro en este momento es que fuerzas no me faltan para hacerlo.

Líricamente

Quimera

domingo, 19 de abril de 2009

Agua

Los ríos son capaces de helarse, a veces hasta las cataratas se convierten en un cuadro sólido, un espejo del alma que paraliza el movimiento en un solo instante. Ese hielo es capaz de calarte los huesos, y al mismo tiempo puede insinuar un camino que se va marcando a sí mismo por el curso del agua. Puedes predecir cómo será el día en el que todo llegue al mar, puedes ver a lo lejos un meandro, a lo mejor un delta, pero nunca lo sabrás con precisión, y esa es la esencia del propio cauce.

El fuego teme que el agua apague su esencia, las rocas temen que erosione su espíritu con el golpe despiadado de la fuerza de las olas, así como el cielo ha acabado por resignarse a la llana presencia del mayor poder que descansa en una sinfonía que, poéticamente, pasa desapercibida ante los ojos de quien no puede hacer nada para enfrentarse a ella. Se ha quedado grabada esa imagen en lo más hondo de tu corazón y ya es hora de que te des cuenta de que así es como debes de tomarte las cosas.

No deja que seas feliz, no permite el hecho de que goces de la libertad que no le pertenece, está demasiado quemado y no quiere darse cuenta de que ha llegado la hora de retirarse del juego. ¿Odio? No, decían que el odio no te aportaba nada, no le des tanta importancia a alguien que no se la merece, pero cuando ese alguien lleva junto a ti desde que naciste es un poco más difícil.

La nostalgia puede invadirnos, y es muy difícil lograr expresar lo que se siente cuando te das cuenta de que en el fondo la situación es mucho más penosa de lo que parecía, que la fortaleza está hecha con acrílico de pusilanimidad, que no quedan más lágrimas en unos ojos que las anhelan, no queda más fuego en un corazón que, de tanto calor, ha acabado por secarse como se secan los argumentos expulsados por su lengua marchita.

Perdió la esperanza de seguir intentando sentir lo que no puede de ninguna manera, las hojas de su diario salieron volando por la puerta en el momento en el que la abrió por primera vez para sacar su ira a la calle. Se pudrió su sueño, su propia vida se pudrió junto con las flores cuyos pétalos caían desde lo alto desde siempre hasta esta primavera, la poesía lo abandonó junto con sus principios, lo consumieron sus dramas y prefirió callarse, no se atreve a probarse a sí mismo porque sabe que podría llegar a odiarse más de lo que se odia a sí mismo sin planteárselo. Simplifica las cosas porque prefiere no profundizar en sus preocupaciones por si lo destrozan, y probablemente lo hagan.

En momentos como este dan ganas de quemar todo para poder seguir adelante con un nuevo cauce, acabar con todo lo que llene la cabeza de cosas inútiles.

No sé si de repente todo va mal con todo el mundo o es que mi Messenger está dando trastazos.

Quimera

miércoles, 15 de abril de 2009

Destrucción

Una de las controversias mayores de esta sociedad. Muchas veces intentamos evitarla, otras la asumimos, en ocasiones nos regodeamos en ella, pero francamente nunca nos paramos a pensar cuál es la naturaleza, a veces preferimos inventárnosla con tal de idealizar nuestra propia figura, y pretendiendo de algún modo que los demás comprendan la perfección de nuestro ser, es en este caso cuando creamos la mayor mentira sobre nosotros mismos.

Se habla de gente mala, personas cuyas capacidades les dan el poder para destruir de la forma más retorcida posible, individuos que asumen su naturaleza egoísta y deciden no sucumbir a sus propios actos. Con respecto a este tipo de destrucción me decanto por distinguir entre la maldad astuta y la ingénua, recalcando el valor peyorativo del último calificativo, ya que éstos no son capaces de hacerle daño ni a una mosca a efectos prácticos, ya que normalmente les suele salir el tiro por la culata. Te muerdes la lengua y te envenenas, quizás sea el mayor insulto a posteriori de una persona de esta calaña, ya que resalta el patetismo de su propia voluntad, denigrando su persona a una rata rastrera digna de ser devorada por gente que la supere en astucia. Si es que la maldad es astucia al fin y al cabo, señores, y el ser malvado suele ser consecuente con sus propios actos, portando consigo de ese modo lo que yo llamo "valor puro de justicia", ya que la corrupción de nuestras intenciones tiene que ser lo más clara posible para no dispersarse en la acción, para nosotros mismos, claro está.

Pero esta "maldad" no es la esencia de la destrucción, ni mucho menos. Un mundo formado sólo por villanos sería lo más parecido al paraíso que podamos imaginar, y es difícil de concebir, pero del análisis estándar y simplista de la idea del caos aparecen diversos "paladines" que parecen haber llegado a la tierra para imponer su "santa bondad".

Hablemos ahora de esos guerreros, esa gente que opina que la naturaleza del ser humano es limpia e inocente, sin haberse dado cuenta de que han tropezado con el peor vicio de todos, la sucia soberbia, que no la limpia, claro está. Porque de estos mesías está el mundo lleno, oiga, el ser políticamente correcto con todo el mundo, el respeto a la sensibilidad de todas las personas y la queja constante contra factores de la sociedad, que si por ellos fuera serían inmutables para siempre, ya que parece que estos individuos no pueden crecer sin la lucha constante contra lo que los alimenta. Cría cuervos y te sacarán los ojos, dice el refrán.

Decadentes, pobres, oligofrénicos... A menudo nos encontramos con juicios esbozados por nosotros mismos sobre estos individuos, sobre todo porque el que sabe mirar se dará cuenta de que detrás de todo este trasfondo magnífico existe otra verdad bien distinta, y eso tiene un nombre, señora, y se llama hipocresía. Tontos que creen hacer lo correcto cuando en el fondo están imponiendo su "verdad absoluta" sobre todos los demás, fingen ser lo que no son para poder mostrarse a los demás como "ejemplos a seguir", y a menudo no les basta con eso sino que tienen que contaminar planos que nos ofrecen una visión amplia de lo que hay en realidad, pura incultura, y ahí es adonde quería llegar.

Esta mañana he bajado a desayunar y, como siempre, estaba puesta la radio. No es que en mi casa se preste demasiada atención, digamos que forma parte de una sinfonía junto con el pitido de la máquina de café y el crepitar de los croissantes mixtos de la sandwichera. Ponemos Radio Nacional de España porque en mi casa se cae en el tópico de que los medios de comunicación públicos suelen ofrecer un punto de vista más objetivo de las noticias que dan, pero francamente raro es el día en el que no me topo con una excepción cada vez que me paro a escuchar por aburrimiento lo que están diciendo con el único fin de acompañar con algo el café americano, y hoy ha vuelto a pasar.

Se ve que a la hora a la que estoy a punto de salir de casa emiten las noticias sensacionalistas a modo de telegrama, dejando ver el interés de los locutores por ofrecer todo lujo de detalles en los sucesos más macabros y morbosos que podamos llegar a imaginar. De repente me pareció escuchar "un hombre degolla a su marido", así que mi instinto cotilla se dejó llevar por lo que decían a continuación. Por un momento pensé que no había entendido bien lo primero, porque me pareció oír "otro caso de violencia de género", pero me equivocaba, de hecho justo después me quedé atónito al percatarme de que por mi radio salía la frase más paradójica jamás presente en mi cocina: "El primer caso de violencia de género en parejas del mismo sexo". Sí, Radio Nacional de España ha emitido semejante incoherencia semántica, y de forma voluntaria, váyase usted a pensar que estaban coaccionados por algún obispo. Para quien no entienda esta falta me limitaré a usar el diccionario de la Real Academia, aunque esté en desacuerdo con la autoridad de esta institución, pero haremos un paréntesis:

género.

(Del lat. genus, genĕris).

1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

2. m. Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas. Ese género de bromas no me gusta

3. m. En el comercio, mercancía.

4. m. Tela o tejido. Géneros de algodón, de hilo, de seda

5. m. En las artes, cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según rasgos comunes de forma y de contenido.

6. m. Biol. Taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres.

7. m. Gram. Clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra.

8. m. Gram. Cada una de estas formas.

9. m. Gram. Forma por la que se distinguen algunas veces los nombres sustantivos según pertenezcan a una u otra de las tres clases.

~ chico.

1. m. Clase de obras teatrales musicales de corta duración y de ambiente costumbrista o popular, que comprende zarzuelas, sainetes y comedias.

~ femenino.

1. m. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo femenino, algunos animales hembra y, convencionalmente, seres inanimados.

2. m. Gram. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de génerofemenino.

~ literario.

1. m. Cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras literarias.

2. m. subgénero.

~ masculino.

1. m. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo masculino, algunos animales macho y, convencionalmente, seres inanimados.

2. m. Gram. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de género masculino.

~ neutro.

1. m. Gram. En algunas lenguas indoeuropeas, el de los sustantivos no clasificados como masculinos ni femeninos y el de los pronombres que los representan o que designan conjuntos sin noción de persona. En español no existen sustantivos neutros, ni hay formas neutras especiales en la flexión del adjetivo; solo el artículo, el pronombre personal de tercera persona, los demostrativos y algunos otros pronombres tienen formas neutras diferenciadas en singular.

de ~.

1. loc. adj. Esc. y Pint. Dicho de una obra: Que representa escenas de costumbres o de la vida común. Cuadro de género

2. loc. adj. Dicho de un artista: Que la ejecuta. Pintor de género



Bien, podríamos analizar todos los valores de esta palabra, pero francamente resulta más que evidente el hecho de que "violencia de género" no se refiere a una obra de arte hecha por algún "violento" que represente un marco de la vida cotidiana, creo yo que se refiere más a "violencia entre géneros", cuando un género agrede a otro estando la moral, la genética y el respeto en su contra. En ese caso existen dos razones, desde mi punto de vista, por las cuales quienquiera que sea el que ha pronunciado semejante aberración pueda considerar que su expresión ha sido correcta. La primera es probablemente la menos real, ha querido destacar que, en su opinión, en una pareja de personas tiene que haber dos géneros por la fuerza, y ha presupuesto de algún modo que el "macho" ha degollado a la "loca", basándose en los principios morales que desgraciadamente tiene este país. La segunda y la más probable causa de la desestructuración del area de Wernicke de este individo sea el afán por ser políticamente correcto. Si se defiende la palabra "matrimonio" frente a "unión conyugal" ¿por qué no va a existir violencia de género? Seguramente haya sido un intento del periodista de darle algo más de salsa a la situación, ya que hay dos temas de moda si los juntas en un titular serán la bomba. Tampoco es muy difícil apreciar el matiz que los separa irremediablemente, aunque supongo que quien escucha la radio simplemente para escandalizarse por ese tipo de cosas no piensa demasiado en la verosimilitud de los juicios del locutor en cuestión.

¿Dónde quedaron los crímenes por celos, la tragedia romántica homosexual que tantas veces nos ha emocionado enseñándonos cosas sobre cómo enfocar nuestros propios sentimientos? Aquiles y Patroclo, el asesinato de los efebos en roma... todo ha quedado vanalizado al "primer caso de violencia de género entre personas del mismo sexo". No se da cuenta de que ha reflejado sin darse cuenta una homofobia muchísimo más grave que la que puedan tener los curas que salen por la televisión diciendo que es una aberración. Porque gente como este locutor pretenden ser políticamente correctos, presumen de tolerancia cuando en el fondo opinan lo mismo que todos, que la homosexualidad es algo fruto de los nuevos tiempos. ¿Cómo se va a progresar si dejamos que gente de esta calaña represente a la minoría progresista de este país?

Supongo que otro día analizaré en más profundidad la imbecilidad colectiva que nos asola últimamente, ahora me abordan otros temas y me considero prácticamente incapaz de seguir desarrollando la idea.

Sí, hay muchos tipos de maldad, pero la maldad inconsciente es la única capaz de destruir realmente lo poco que queda con significado en nuestra sociedad. Hasta al comunicarnos se nos cuelan las grietas de lo vanal.

Con una especie de frustración literaria.

Quimera

martes, 14 de abril de 2009

Preludio

Como si se recitase un poema sin ningún orador dispuesto a hacerlo, como una bestia inmunda que pudre la tierra que pisa sin ningún tipo de respeto por la existencia. Un alma egoísta que asciende sin preocuparse por nada, una invención de la propia perfección a través de la perfecta monstruosidad. Convirtió en mítica una imagen paupérrima de su propia existencia, incluso llegó un momento en el que su propio aliento se convertía en llamas. Se vio a sí mismo refiriéndose a él en tercera persona y pensó, por un momento pensó que estaba haciendo las cosas mal, así que se detuvo a pensar en si era necesario dejar de componer el primer texto que mostraba al mundo en casi medio año a base de frases cortas. Se dio cuenta de que ya no era necesario usar un eufemismo para describirse y se resolvió, de repente, a poner un punto y aparte.

La vuelta a lo público ha sido en los últimos días un dilema existencial bastante importante en mi visión del entorno. Si me preguntase por qué no puedo escribir sin sentirme un mentiroso sentimentalista probablemente no podría haber empezado a desarrollar lo que se dice mi "propio arte", porque francamente pienso que hay cosas que hay que aceptar con el único fin de dejar de elaborar juicios inútiles contra ti mismo simplemente para mermar tu ego. Cuando digo "cosas" me refiero a valores ajenos, probablemente, porque si existe en ti la voluntad de expresar algo y te sientes lo suficientemente fuerte y sincero como para empezar a hacerlo, el hecho de caer en el pecado original de la generalización no hace otra cosa que quitarle peso a la abstracción, y eso en mí me daría mucha pena, puesto que la abstracción es uno de los elementos a los que más salida le doy, y a lo mejor al leer esto pensáis que soy un pragmático cuya máxima es la verborrea bien cohesionada y un buen tocho cargado de realismo inamovible. En ese caso lamento decir que eso no es así, al fin y al cabo todo prólogo tiene su parte práctica, una visión objetiva que procura transportar pensamientos y no sentimientos, no será por ganas de ponerme poético, eso seguro, pero opino que una introducción sólida es algo importante, junto con una introducción sobre el autor.

Mi nombre es Guillermo, los apellidos son francamente irrelevantes, me molesta esa costumbre norteamericana de usar el apellido como un calificativo, así que como "Guillermos" hay muchos por aquí firmaré como Quimera. Si explicara las razones de mi pseudónimo francamente podría destrozar la esencia de mi joven blog, así que me limitaré a nombrarlo simplemente, y ya el lector que se pare a contemplar la esencia de cada texto tendrá la oportunidad de fundirse con mi lógica literaria.

¿Mi edad? Considero que eso sí es bastante relevante. Tengo diecinueve años, pero me considero una persona vieja. No me gusta tener en cuenta la edad por los años vividos, hay gente con sesenta años que no ha vivido la mitad que yo, y por derecho romano les gusta considerarse sabios, pero eso es algo que tiene que demostrarse al fin y al cabo, aunque también es cierto que "más sabe el diablo por viejo que por diablo" y, aunque odio parecer Sancho Panza, considero que ese proverbio es bastante verosímil.

¿A qué me dedico? Pues se supone que estudio, y la verdad es que creo que más o menos sobrellevo mis responsabilidades. Mi rama son los idiomas, supongo que para intentar comprender al mayor número de gente posible, es mi vicio al fin y al cabo. Supongo que en más de una ocasión utilizaré esta metáfora para intentar definir mi incompleto concepto de mí mismo con el único fin de poder aclarar al lector, y es importante destacar que el primer lector seré yo.

Mis aspiraciones son demasiado variopintas y en muchas ocasiones ni yo mismo soy capaz de esclarecer ese aspecto de mi persona. Me considero una persona ambiciosa en muchos sentidos, y valoro quizás demasiado esa cualidad, puede que irremediablemente, no lo sé, pero supongo que tarde o temprano me pararé a pensarlo. Me gusta viajar y echar a andar sin rumbo fijo, teniendo presentes mis impulsos en todo momento, porque sé que son lo más parecido al camino "correcto", si puede emplearse ese adjetivo, que pueda tomar. Esos impulsos quizás sean mis propios verdugos, pero tampoco tengo elección de plantearme otra forma de ser. Soy fuego y así es como funciono, tendré que vivir con ello porque es la personalidad que más se adapta a mí, la mía al fin y al cabo.

En el plano sentimental soy pura dualidad por decirlo de algún modo. Por una parte intento hacer de las situaciones pura pasión, la historia de amor más bella jamás escrita, pero por otra parte sé que esa historia no puede escribirse a partir de mis ideas, así que dejo que sea la corriente la que me lleve río abajo, no sé si el mar será un infierno o un paraíso, pero no quiero pisar la tierra en ningún momento, a lo mejor es porque las veces que lo he hecho he acabado dándome contra las rocas.

¿Corazón quemado? A veces puedo ser tan sumamente dramático que me cuesta evitar vaticinios ególatras de mi apocalipsis particular, pero de algún modo considero que la mejor forma de darse cuenta de cómo van estas cosas es asumiendo la realidad, la naturaleza de la actitud. Puede que tenga el corazón quemado, y si es verdad no puedo saberlo, puesto que está tan sumamente chamuscado que difícilmente puedo llegar a encontrármelo.

Me duele la cabeza y me siento incapaz de expresarme con claridad, y tampoco me sale la belleza por ninguna parte. Si la musa llega mañana supongo que podré empezar con mi relato, una historia que se cuenta a sí misma con un arrebato de sentimientos descontrolados, a veces historias, pretendo.

Con alfileres en la cabeza.

Quimera