martes, 1 de diciembre de 2009

Mensajero de desgracias

Mensajero de desgracias,

emblema del dolor y el miedo,

un Diablo con perspicacia

y un pájaro de mal agüero.


El mal encarnado en huesos,

frivolidad, mala fama, desprecio,

amargura, frustración,

amor sin deseo.


El romance de los cuervos,

un vagabundo maltrecho:

Soy verdugo del silencio

y no tengo sentimientos.


Aprendí a perder la guerra,

sin conocer la derrota.

Víctima de la soberbia

olvidé el color de las amapolas.


Las falacias que ignoré

no acallaron la injusticia.

Los deseos que desaté

se esfumaron con la brisa.


Mi reflejo se resignó

ante su propio rechazo

y una rosa regalé

para sentirme realizado.


Una reverencia indigna

ante los ojos del pecado.


Esa voz, sin pesar, ha demostrado,

intentando olvidar las misas

de un pastor degenerado,

con una cínica risa,

que su culpa no ha expiado.


Las mentiras no se besan,

la moral ya no es suicida,

sin voz mi pesar me pesa

emparedado en el muro de

[la agonía.


Duele la mezquindad dormida,

con carisma y dedicación

no pasó desapercibida

pero indiferente a los ojos

de la conciencia tranquila.


Herr Straßermann

jueves, 26 de noviembre de 2009

Silencio

Intenté escribirte un poema;

pero mis manos temblaban

frías e ilusas, las malditas,

perdidas en tu mirada.


Me enamoré de un silencio,

un silencio que aguardaba

rojo, inquieto, entre dos labios

que, impertinentemente, callaban.


Y las pupilas se abrieron,

nuestros ojos se cegaron con la

[luz del alba,

pero seguíamos mirándonos a los ojos

mientras el ruido cesaba.


No hay discurso de caballero

capaz de imponerse sobre nada,

no hay amor sin deseo

y no hay efecto sin causa.


Hoy no maldigo al destino

ni al reflejo de mi cara,

sigo andando mi camino

y sé que aún no se acaba.


Herr Straßermann

jueves, 10 de septiembre de 2009

Hauptbahnhof

Apenas recordaba qué hora era. A través de su mirada sin fuerzas se podía percibir el asfalto, un camino que, para cualquier transeúnte, habría pasado inadvertido, pero en su estado ni siquiera podía contemplar el levantarse y caminar erguida como una posibilidad. La noche la había destrozado y no había forma de dar marcha atrás.

Siempre le habían gustado los cuentos de hadas. Cuando era pequeña soñaba con un príncipe azul que la rescatase de su torre de marfil custodiada por un dragón borracho. Quizás comenzó a soñar demasiado pronto, desde fuera podía contemplarse una inocencia desollada por los cuchillos de su vida ingrata, y a lo mejor su inteligencia la hizo ver más allá de las simples apariencias. Una mañana se hartó y tiró sus muñecas, su príncipe azul se convirtió en algún adolescente rebelde sediento de un fuego que sólo ella podía proporcionarle, el dragón resultó ser un tipejo que podía abandonar en su castillo los fines de semana sin que se diera cuenta, y poco a poco se vio convertida en una amazona, una luchadora que había decidido plantarle cara a la vida con una pícara sonrisa y unas agallas tan bien puestas que valiente era el villano capaz de plantarles cara. De repente su vida pasó de ser un sueño a ser una novela negra condimentada con un buen escote, música electrónica y unos tacones tan altos como el orgullo con el que fue caminando hacia la libertad con paso firme desde Warschauer hasta Tegel.

Sin embargo seguía añorando sus cuentos, olvidó cómo la niña ingenua y temerosa de todo había logrado dejar atrás todo miedo e inseguridad, y ya ni siquiera recordaba el olor que tenía la mañana al despertarse, había olvidado lo que significaba madrugar, el sabor de las cerezas del patio de la casa de Wannsee, la fragancia de las rosas de mayo. Aun así no olvidaba el sabor del tabaco, de las tortas de mantequilla recién hechas por la mañana después de una noche de ebria vigilia, de la bilis rajándole la garganta mientras comprendía que quizás había bebido demasiado, el aroma de los conciertos, del sofá del número veintinueve de Friedrichstraße, del cuello de Matt, del humo que se escapaba de aquel trozo de papel de plata.

Y sin darse cuenta había amado y odiado tantísimas veces que ya no quedaba nada por aprender. Se percató de la intrascendencia de su ser más pronto de lo que pensaba, obligada a vomitar la realidad tan repentinamente que, casi fugazmente, los únicos que siguieron con ella fueron sus cuentos, las historias que le contaba al primo Daniel de pequeña, los líos amorosos con aquel chico que en realidad ni sabía que ella existía, las famosas conferencias sobre física nuclear de su abuela Agnes la limpiadora, su novio suizo que la llevó en limusina a París la noche en que le pidió el matrimonio que nunca se consumó, tantos eran sus cuentos y tan pocas las páginas de su memoria...

Pero sus cuentos son una especie de mezcla entre los turbios recuerdos de su pasado y unos sueños que jamás podrán terminar de cumplirse. Aunque si se intentaran salir del pasado, de su pasado, inmediatamente alguien levantaría la voz, el puño en el aire y los afilados colmillos desenfundados y listos para comerse de un bocado el mundo entero si hace falta para decir que los sueños son una rotunda estupidez, que la vida es demasiado complicada como para soñar, que hay que actuar y dejarse llevar por el impulso de la vida - “menos lobos, caperucita” - dijo desde su quemada torre.

Y sufrirá la ira de su implacable rencor todo aquel que se atreva a morir sin su permiso, quien tenga el valor de llamarla mentirosa, de negarle el saludo o de decirle lo que no quiere oír. No quedarán besos en los labios de sus príncipes para paliar sus imperdonables errores, las últimas palabras de Romeo fueron “¿qué coño lleva esta mierda?” hace ya treinta y siete sábados. Las ninfas se han montado una orgía con los querubines en el callejón en el que vomitó cuando aún creía estar libre de pecado, le han pegado una paliza a Tristán por meterle mano a Isolda por debajo del vestido y Electra ha matado a Edipo al verlo enrollándose con su padre, Barbie se está metiendo una ralla de MDA en el cuarto de baño mientras Ken le manda un mensaje a Nancy diciéndole de pasarla a recoger en veinte minutos en su descapotable y llevársela a un descampado, y no sabía aún por qué seguían carretera adelante, hacía media hora que pasaron por la puerta del cine…

Intentó alzar la vista como pudo, al parecer hacía rato que era de día, pero parecía hacer muchísimo más frío que anoche. Oskar estaba sentado a su lado, sin apenas poder moverse, todavía tenía una jeringa clavada en el antebrazo, pero a ella ya no le preocupaba lo que pensaran la gente de bien que viese el deplorable estado de una juventud que había logrado marchitarse en menos de cinco años. Se levantó como pudo y sintió cómo su propio hedor la envolvía, el vestido estaba más que roto y ni se paró a pensar qué habría sido de su maquillaje. Comenzó a andar hacia el número veintinueve, sin echar la vista atrás corrió calle arriba, sentía cómo su propio pasado la estuviera envolviendo, entonces aceleró el paso. Los dos tacones se le habían roto, pero ella continuó su carrera, realmente estaba sintiendo miedo, pero de repente comenzó a llover y el tiempo se paró.

“Un tren jamás se para hasta haber llegado a su destino”, pensó mientras una gota llegaba al labio saltándose todas las leyes de la lógica. No sabía si era lluvia, sudor, rinitis o una lágrima que se le había escapado del ojo sin pedir permiso siquiera, pero no podía cargarle el peso de sus frustraciones, porque esa lágrima había roto las cadenas de una prisión enterrada bajo arena en lo más oculto de sus sueños, esa magia que la envolvía cuando deleitaba a su público con las historietas más alucinantes jamás inventadas por el ser humano, el toque de dramatismo mezclado con un tesoro de vidas ajenas, experiencias realizadoras y un chorro de Jägermeister para hacer menos dolorosa su propia existencia. Y sin haberlo contemplado siquiera comenzó a ver el letrero de la estación central.

En ocasiones hasta ella se percataba que su vida era algo así como un bombardeo, condenada por lo impredecible de los estallidos, en alerta constante. Y se cansaba de guerra, sólo las voces de su pasado, que siempre sería mejor que su presente, eran capaces de calmarla sin que el horror que suponía el miedo a la pérdida de lo que, poco a poco, ha logrado perder importancia por sí solo desaparezca por completo. Algo así como un pánico irracional a perder lo que le quedaba de memoria, el amor perdido y los fracasos, la justificación a una vida que nadie, salvo ella, querría vivir… ¡deja de mirarme las tetas, cabronazo!

No la iba a dejar en paz jamás, el paso del tiempo no era suficiente como para librarla de aquel infierno, las lágrimas no cesaban, y las suyas ya se habían secado. Los rostros ya eran de mármol ennegrecido y el tronco del tercer árbol a su izquierda estaba lleno de pintadas, una auténtica estupidez pensar eso en aquel momento, pero de repente todo se había parado. Pero su corazón no se paraba y esa era su agonía. La paz ya se le había terminado y la vida se le echaba encima como un buitre carroñero sobre la leona herida en medio de la sabana. Eso que llamaban felicidad era imposible mientras tuviera que soportar todo el peso de sus cuentos, de sus sueños y de sus recuerdos. Ni el aroma de la lluvia le evocó aquella tarde de mayo, nada quedaba ya.

-Se dio la vuelta y volvió a pensar en los trenes.-

#29

lunes, 7 de septiembre de 2009

Humo

Mi cara comenzó a sentir cómo el viento intentaba cortarla, pero jamás iba a dejarse agredir por semejante inmundicia. Ya no quedaban apenas palabras para transformar los recuerdos de aquella mañana en bellas insinuaciones sin miradas, en hermosos poemas sin rima alguna, tampoco quedaba vida en aquellos labios. Tal era su deplorable imagen que llegué a pensar que llevaban razón cuando por la calle me gritaban “loco”, nada más lejos de la realidad si la contemplabas desde los ojos del incauto transeúnte que no ve en el vagabundo otra forma de vida que la que deambula junto a sus sueños esperando a que se frustren sin que las intangibles e inexistentes gotas del rocío que cubrirían su cara de no ser por su eterna caminata hacia lo incierto y desconocido, un paseo que duraría la vida entera si quedaran valientes que se hubieran atrevido a iniciar la marcha junto a él.

Lo llamaron asesino cuando aquella noche se dejó llevar por sus impulsos, se dejó quemar por el fuego y continuó retorciéndose en su propia desgracia a la espera únicamente de que todo se parara, un acto de impaciencia que, sin que nadie se percatara, le produjo cierta satisfacción sexual que muy pocos podrían haber llegado a comprender, por muy en su lugar que se pusiesen. Será porque fue consciente desde muy pequeño de que su destino era vagar solo y solamente las desgastadas vías del tren podían predecir el camino que iba a decidir tomar cuando se resolviese a subir en un vagón que muy probablemente pasaría sobre ellas.

Sin apenas darse cuenta se percató de que prefería enfocar el presente como si fuera pasado, y la primera persona como si fuese tercera. Supongo que fue un amago de alejarse de su persona, un intento de encontrar en su libreta algo de compañía, una compañía que pareciese entenderlo, pero desgraciadamente no iba a poder hacerlo jamás, por muy lejos que intentase ponerla.

Una mañana, tomando el típico café americano con hielo que solía permitirse cuando el día parecía prometer dinamismo, cuanto menos, se encendió un cigarro mientras leía las frases del azucarillo que ni se había molestado en abrir. Antes de darse cuenta se le empezaron a quemar los dedos con lo que quedaba del filtro y, como siempre, le levantó la tapa al cenicero para ver si tenía que pelearse con la porcelana por impedir que el humo que quedaba se le metiera en los ojos provocando una desagradable irritación, pero esta vez no hacía falta, alguien se había tomado la molestia de llenar el recipiente con un poco de agua, lo que obviamente apagaría lo que quedase del fuego que, gracias al vicio, había sido capaz de mantenerse despierto durante casi seis minutos y medio. Y al escuchar el crepitar de las insignificantes ascuas se sorprendió a sí mismo pensando en “ella”.

Al fin y al cabo la vida es como un cigarro; al parirnos la encienden con una especie de desagradable mechero cargado de tópicos inútiles y poco a poco nos la vamos fumando. Los más ansiosos suelen tardar poquito en terminársela, pero habrán disfrutado de exuberantes caladas, obviamente, de las que se sentirán orgullosos y al rato se estarán cagando en todo porque no dure más. Otros no se la fuman, la dejan en un cenicero y luego se pasan los últimos dos minutos lamentándose por no haber aprovechado el tiempo perdido. El filtro debe ser algo así como la vergüenza o el miedo, algo que en su justa medida está bien, pero que si lo quemas no puedes seguir fumando a no ser que lo arranques y te pases el resto de tu existencia tragando monóxido de carbono. Luego siempre hay algún imbécil que te pide una calada y te llena la boquilla de babas, no vas a arrancarla pero jode, obviamente, aun al estar hablando de un pitillo excesivamente grande pues supongo que con el tiempo se secarán, pero lo más seguro es que te estés acordando de los fluidos del tipo durante muchísimo tiempo.

Siempre había visto un gran gesto de consideración por parte de los propietarios de un local ofrecer un cenicero a cada mesa de la zona de fumadores, y aún mayor llenarlo de agua, no sólo para ofrecer la comodidad de librarse de lo inútil de forma rápida, sino por el placer que suscita el sentir cómo la llama muere, la posibilidad que ofrece de valorar el instante, el cambio de estado absoluto entre la voluntad y el hecho, la toma de decisiones, un placer que ni el caballero más maduro puede tomar fácilmente, pero es ahí mismo donde está la gracia.

Por un momento imaginó que se encontraban cara a cara, por fin, que le pedía prestado el azucarillo para poder verter su contenido en su empalagoso capuchino con chocolate y crema de leche, como a ella le gustaba, justo después de haberlo dopado aún más con su propio sobre de azúcar. Le encantaba el café excesivamente dulce, una de las innumerables cosas que odiaba y amaba de ella al mismo tiempo. Hablaría de algo banal mientras le robaba todas las palabras, una especie de deseo fulminante lo habría invadido por dentro y el deseo de hacerle el amor en la misma mesa en la que estaban desayunando habría aflorado de no ser por la mirada recatada que siempre osaba ofrecerle ante los instintos salvajes que sus propios miedos le habían obligado a reprimir, y maldijo su chantaje una vez más mientras dejaba caer al suelo su mechero.

Sin que nadie se percatara se agachó a recogerlo. Cuando por fin se enderezó comenzó a juguetear con él, pensando en lo que iba a pasar aquella noche. Repentinamete lo cerró de un modo asombrosamente brusco y, con la otra mano, apuntó hacia el cuadro que tenía enfrente con el pulgar, el índice y el corazón fuera del puño. No hizo falta ni decir “bang” para que se dibujase en su rostro la sonrisa que sólo el más dedicado sentimiento de venganza puede esbozar sobre una cara rebanada diagonalmente por la sucia vanidad del rencor más fríamente cultivado.

#29

miércoles, 26 de agosto de 2009

Insomnio II

Le gustaría haberse levantado antes. Se dice que si permaneces despierto nada puede pillarte de improviso y es francamente difícil merendarse una desagradable sorpresa cuando estás ahí siempre, sin esperarla, pero recibiendo absolutamente toda la información. Pero él no podía estar sin dormir, no era como aquella gente que decía haber estado días enteros sin pegar ojo, desafiando las leyes del organismo, aquella panda de embusteros que sólo saben exagerar para atribuir las casualidades de la vida a los escasos méritos personales que tienen. Era incapaz de mentir. Antes lo hacía muy bien, de hecho la gente se solía sorprender bastante con la facilidad que tenía para hacerlo, muchas veces de forma automática e indiscriminada, tan descarado que el mismísimo Diablo se habría sorprendido al percibir semejante sarta de calañas y falacias que, sin ningún pudor ni respeto por la moral ni la decencia, nacía de la boca de aquel ser que, durante años, habría pasado perfectamente por la reencarnación de Judas Iscariote, mis excusas por la blasfemia.

Pero él ya no era capaz de mentir. Hacía cosa así de unos meses que alguien le hizo ver que sus mentiras iban a ser vulnerables ante las bocas de los chivatos, de esa gente que habla más de la cuenta para desprestigiar las fantasías de los demás, y si imponían justicia nadie se la había pedido. Recordaba a un muchacho de su colegio, el delegado de la clase si no me falla la memoria, al que no le importaba mentir con tal de llamar la atención y captar una buena reputación, aunque fuera jugando sucio, daba igual quién mintiera mejor, simplemente había que salvar el pellejo y ahí no importaba quién mintiese mejor, sino quién era capaz de tener la sangre fría de traicionar la confianza de los demás sin importarle las consecuencias. Jamás llamó al pequeño Helmutt “amigo”, pero con Elsa fue diferente.

En el momento ni quiso pensar si Elsa tenía verdaderos motivos para hacer lo que hizo, pero llegados a extremos ya no podía hacer nada, supongo que siguió enamorado de ella hasta el final, pero afortunadamente de eso nadie tuvo consciencia, simplemente pensaron que Elsa era una celosa despechada que le traicionó por rencor, y si enfocásemos la situación desde otro punto de vista a lo mejor podríamos ver que los roles se disponían prácticamente a la inversa, pero a Franz se le daba muy bien mentir, como ya he dicho, y lo que mejor se le daba era ocultar sus sentimientos, tanto que a veces se olvidaba de que los tenía.

Apenas podía dormirse, así que metió la cabeza bajo la almohada y vio una fotografía de Elsa, supongo que se le había olvidado quemarla. Se preguntó por qué jamás le había confesado sus sentimientos y, acto seguido, otro de esos golpes de desconfianza le arrebató otro desprendimiento onírico, estaba claro que si Elsa hubiera sabido que Franz estaba enamorado de ella probablemente le hubiera roto el corazón de una forma muchísimo más despiadada, y a Franz le bastó con recordar el año en el que Elsa le fue poco a poco chupando la vida para sentirse tranquilo, no por estar solo sino por haberse alejado finalmente de ella.

Y sin más dilación se dispuso a cerrar los ojos. Las ovejitas se habían convertido en globos aerostáticos y la valla era una hermosa mujer pelirroja con un puñal detrás de la espalda. Una lanza de consciencia entró en sus sueños y cuando se despertó, dos horas más tarde, le faltó tiempo para pensar que si no seguía solo se iba a volver a repetir la historia de Elsa, una y otra vez, hasta que la muerte los separase.

-No- Dijo Franz con cierta seguridad absolutamente fingida.

#29

lunes, 22 de junio de 2009

Mar

Un beso frágil sobre la arena, un golpe fuerte de sal contra la nariz, más conmovedor que el impacto que derraman las montañas azules que enmarcan en un instante al horizonte sobre la piedra, tan frágil, y entre las rocas, susurrando con una suavidad quizás comparable a la concha que, sin querer, se ha posado junto a la huella de la espuma del mar, se escucha la sinfonía de una eternidad de silencio, vida, soledad y pasión que no se cansa de terminar un preludio de atardeceres, luna llena y sol abrasador sobre lo más parecido a Dios que he contemplado en mi cortísima vida.

Y, de repente, a mitad del libro, se encontró con una página que le incitó inevitablemente a volver al principio, a darse cuenta de que jamás debería haberlo empezado. Inmediatamente después se fue corriendo a la orilla, novela en mano, y arrojó las letras eternas lo más cerca de la luna que pudo, ya que no podía esperar a que el sol de verano las quemase.

Guárdate las rosas, le dijo, ahora sólo queda tiempo para dejarlas crecer, sin pensar en quién se merece que se las regales. ¿Un beso? Darte un beso sería como un suicidio (tu suicidio), no queda forma alguna de hacerte saber cuánto significas para mí, pero tampoco es propicio ningún tipo de voluntad para que te percates de ello, ya no.

Pero dejarás tu corazón en el mar, junto con las ganas de seguir rajándote la garganta. Tu destino es tuyo y no se parece a ninguno de los que hayas podido ver hasta ahora.

-Y en cuanto se dio cuenta se dirigió a la cama, cerró los ojos y durmió. Como un león que encuentra un hueco entre las rocas, entre sus rocas.-

martes, 2 de junio de 2009

Por siempre

Querida Victoria, te escribo para darte una triste noticia.

Dejé que todo siguiera su curso para ver si así podía sorprenderme, por si el fallo se encontraba en mi obsesión por cambiar el transcurso del destino. Pero el problema está en que ese camino parece llevarme sin remedio adonde no quiero ir, me guía poco a poco a ese abismo al que no quería enfrentarme.

Se acaban las palabras, ya no sale fuego por la boca y las hojas sólo caen, no se dejan llevar por el viento. El poema otoñal pereció en cuanto llegó el invierno,  el fuego de aquella hoguera se apagó con la lluvia primaveral, y ahora las rosas se secan con el sol de junio mientras mi vida se consume poco a poco sin poder hacer yo nada para cambiarla. Oh, todo lo que sentí ha quedado atrás, ya no queda forma alguna con la que poner en orden mis propósitos, mis ambiciones, mis sentimientos. El deseo se atenúa y todo parece a simple vista ir mejor que antes, pero se me acaban las fuerzas para continuar y echo de menos algo de aquel infierno en el que decidí refugiarme para ver si ardían mis horas de agonía, pero fuera de eso me enfrío.

¿Por qué te fuiste, Victoria? A veces siento que, estés donde estés, guardas esa rosa para mí, para cuando vuelva a verte, pero me da rabia olvidarme de ti en estos momentos, porque hacerlo supone dejar atrás una parte de mí mismo y no, no quiero hacerlo, pero sospecho que no me queda opción alguna. Me molesta saber que llevabas razón, que no te amaba tanto como parecía, de hecho en ocasiones tiendo a pensar que en el amor soy tan poco constante como conmigo mismo.

Esta noche se ha incendiado una cabaña y he pensado en ti, pero antes de eso me he parado a mirar las llamas y algo me recordó que una tormenta de arena barrió mi memoria, y por eso he decidido ir a buscarte hoy debajo de las dunas, al lado de la playa de piedras en la que se edificó nuestro amor. En ese desierto todos los castillos son de arena, las penas se van con el sol y, de noche, hace mucho, mucho frío. Por eso te tengo que decir que, la próxima vez que un torbellino entierre nuestros corazones, no sé si podré volver a coger la pala para buscarte, y no quiero dejarte con la carga de tener que hacerlo por mí, porque no te mereces atarte a una persona que ni es capaz de acordarse de lo que sentía por ti, no quiero que estés ahí cuando el viento del norte se ensañe con nuestro amor, cuando mi mente se erosione, de nuevo.

Y ahora no sé si te amo, lo que sé es que cada día me duran menos tus promesas, tus besos suspendidos en el aire. Cada día me apasionan menos tus rompedoras críticas y cada día añoro menos tu voz. No sé si me duele o simplemente estoy olvidando eso también. De hecho ni tan siquiera me expreso como es debido en esto que te estoy escribiendo, que no sé aún si es una carta, una revelación, una ruptura o simplemente un amago de mantener el contacto contigo sin poder evitar serte sincero, y ni aún estoy seguro de eso. A lo mejor la rosa se está secando.

Si mañana muero no quiero que busques mi tumba, no quiero que llores una eternidad por lo que fui para ti, porque ya se me están acabando las fuerzas para querer por encima de todo que permanezcas a mi lado. Llegados a este punto me quedo con que seas feliz, con que no te preocupen mis sentimientos, nada de lo que me pueda pasar, ni siquiera la muerte.

Adiós, recuérdame por siempre.

-Y si había algo más escrito las lágrimas lo borraron-

Herr Straßermann.

jueves, 28 de mayo de 2009

La Rosa

Verás, Victoria, voy a irme por mucho tiempo fuera de este lugar, de “nuestro” lugar. No sabes cuánto lamento mi partida, pero es necesario y sé que si superamos esto ya nada podrá con nosotros, ya nada nunca nos arrebatará al uno del otro.

Es que puedo decirte que desde el momento en el que te vi no has dejado de sorprenderme, en cada instante tu voz parecía más dulce que en el anterior, y poco a poco se me ha ido olvidando la realidad, he valorado cada segundo, incluso sabiendo que no te podía besar apasionadamente, que mis impulsos debían contenerse, pero poco a poco me enseñaste que valía la pena esperar por ti, y ahora te pido que esperes tú por mí.

Y es que lo que para algunos parecen segundos para mí han sido milenios. Hasta que llegaste estuve prácticamente una eternidad pensando que jamás me lanzaría al vacío, aunque para ti a lo mejor puedan ser semanas, pero créeme que si pudieras sentir lo que yo siento, y vendería mi alma al mismísimo Satanás si eso fuera así, créeme, si sintieras lo que yo siento sabrías que no son sólo palabras, y si lo fueran hazme caso que podría estar hasta el fin de mis días repitiéndolas sin parar. Sé que no te van a atar a mí como me gustaría que lo hicieran, y sé que ves lo vulnerable que soy ante ti en este momento, pero quiero que sepas que un corazón late por ti, y aunque nos separen millas te prometo que seguirá palpitando con el simple aroma de tu recuerdo, Victoria.

-Un tallo lleno de espinas, mil capullos color burdeos y una rosa carmesí-

Mírala, Victoria, parece que se ha inclinado sobre nosotros para custodiar nuestros corazones por siempre. Cómo envidio a las rosas, saben más del amor en lo que tarda en acabar el mes de mayo que nosotros en toda una vida de tortura y pasión. Es tan roja como tus labios, tan bella como tus ojos y tan pérfida como la inseguridad que ahora mismo me corroe por dentro. Pero aun así sé que mientras ese color rojo exista, mientras esa belleza salvaje sepa capturar tu mirada, mientras sepa guardar los besos que te guardaste para mí, mientras sepa cautivarme una milésima parte de lo que me cautiva tu voz, la voz de tu alma. Sí, necesito tenerla junto a mí, necesito arrancarla para saber que te tendré aquí por siempre. No, no hace falta que me digas nada, mientras tenga esta rosa en mis manos sabré que estarás para mí, ahí, por siempre.

-Se dispone a cogerla. De repente una espina se le clava en medio de la mano y comienza a caer un reguero de sangre, se ve obligado a apartar la mano y a alejarse de la rosa.-

Si es que llevo razón. Esta maldita rosa sabe incluso cómo hacerme daño, sabe cómo ser bella sin dejarse tocar, sin dejarse arrancar, tiene más dignidad de forma natural que la que intento tener yo de todas las formas posibles. Quiero demostrarte que te amo, y necesito esa rosa para hacerlo, quiero que haya algo que nos ate por siempre. Porque esa rosa es como tu corazón cuando me vaya de aquí, pletórica de belleza guardada para mis noches, pintada de rojo por tu boca ausente y rodeada de espinas que impidan tocarla. Y es que no puedo tocarla, no puedo hacerme con ella y no soy capaz de deteriorar esa belleza. Te prometo como no he prometido nada en mi vida que mientras tenga la rosa para recordarte te amaré por siempre, así estaré seguro de que nada te podrá amar más mientras yo no esté, y entonces sabré que tienes una razón por la que sonreír. Y créeme que tengo razones para ver en esa flor un augurio de la nostalgia corrosiva que sentiré mañana al no poder verte, pero te amo tanto que ya ni puedo pensar en mí, así que si hace falta me desangraré aquí mismo si con eso puedo conseguir llevarme esta flor, y llevarte conmigo hasta que volvamos a vernos.

-Ella extiende la mano y el tallo que sujeta la rosa parece haber querido desprenderse del matorral-

Llevaré esta rosa conmigo, mi amado, sólo para saber que algún día vendrás a recogerla. Tú tendrás que confiar a cambio en que yo la cuidaré más que a mí misma, y que si se marchita con ella lo hará mi corazón, y ya sólo quedarán espinas. Y ese rojo no es el rojo de mis labios, sino el rojo de la sangre que pensabas derramar al intentar llevar mi corazón contigo. No, mi amor, se quedará aquí a mi lado, y serás tú el que tendrá que tener fe en que te estará esperando a tu regreso. Para que me recuerdes como soy en realidad, para que no me confundas con una simple concubina.

Bésame, Victoria.

¿Aún no comprendes, amor, que tus besos son espinas?

Herr Straßermann

miércoles, 27 de mayo de 2009

Insomnio

¿Qué haces despierta a estas horas? Entiendo que no puedas conciliar el sueño después de todo lo que ha pasado hoy. Apenas quedan flores en el jarrón y casi parece gritar el reloj al dar las doce, pero las doce pasaron hace ya un rato y entiendo que no te preocupen este tipo de cosas. Tengo que confesarte que tus silencios me destrozan por dentro cada vez que pienso en cómo podrás contestarme y no lo haces, no sé si es que no me escuchas o es que no tienes nada que decir, y en cualquier caso me afectaría, pero estoy demasiado cansado como para preocuparme por eso.

En realidad me he despertado para verte, sabía que ibas a estar aquí, dejándote llevar por el transcurso progresivo de las horas y ni quiero pensar en si has recapacitado sobre lo que te he dicho esta tarde. Como sé que bajo ninguna circunstancia las palabras sobran me gustaría abrirme un poco más a ti, no por otra cosa sino por inseguridad, y siempre pienso que contar las cosas así tal cual te proporciona mucha más firmeza en la toma de decisiones, o al menos se supone que es así. Yo por lo pronto estoy absolutamente desconcertado, no todos los días confiesas tu amor a alguien que, probablemente, no se lo espera, y comprendo perfectamente que necesites tu tiempo para recapacitarlo, pero no puedo evitar estar impaciente porque, como bien sabes, soy una persona muy insegura a la hora de decir cosas como ésta, y como te considero especial no quiero pensar que las cosas van a cambiar entre nosotros después de lo que te he dicho, porque créeme que lo último que quiero en este mundo es hacerte daño, y sé muy bien que perderme te lo haría, no por otra cosa sino porque sé que muchas veces piensas en mí, aunque no estés enamorada, pero al menos lo haces, sea como sea, y eso me da la serenidad que necesito porque significa que dedicas parte de tu tiempo para que pueda invadirte la cabeza, y hazme caso, en este momento no lo puedo concebir de otra forma que como lo concibo yo.

Si es que son años de soledad, a veces intento discutir con el destino para que cambie un poco por mí, pero me parece que es él el implacable, por mucho que me pese. Y es que aunque parezca que soy muy vulnerable me mantengo en mis principios, el único miedo que tengo en este momento es el de que te alejes de mí a más distancia de la que estamos, no de que me quites la boca, sino la mano. He perdido la cuenta de las noches que he pasado cenándome los recuerdos de tu sonrisa, abrazando al aire simplemente por poder albergar un espejismo de tu persona, besando las amapolas y susurrando a tu puerta.

Y mírame ahora, no me callo ni queriendo, ni me dejo impresionar por la imagen que da de mí esta situación, tampoco me dejo llevar por mis miedos, lo que estoy haciendo es una especie de suicidio emocional por ti y, si no lo ha hecho ya, es cuestión de tiempo que se vuelva absolutamente irremediable. Sé que es precipitado pero creo que te quiero y que nadie te querrá jamás como yo lo hago, nadie podrá igualarme y no sé cómo hacer para que comprendas que para ser feliz sólo tienes que venir conmigo, que ya me ocuparé yo de llevarte de la mano hacia nuestra Hesperia particular.

-Llanto y subida de tono-

¿No te das cuenta de cómo estoy? No comprendo en absoluto por qué eres tan insensible conmigo, por qué ni siquiera me respondes ni por qué me abandonas delirando por tus huesos. Acepto que no me quieras pero por lo menos necesito saber que te importa cómo estoy, que me estoy ahogando sin ti, que por tu mirada yo lo doy todo, que me rindo ante tus labios y no me importa decirlo. Ya me da igual qué me digas, pero por favor, dime algo…

-Aproximación, manta en regazo, ojos oníricos, mueca placentera, sonrisa y despertar repentino-

-¿Estabas dormida?

-Estaba soñando contigo.

Herr Straßermann

El ocaso

Si es que me mata este cambio, Victoria, me he pasado los últimos dos años esperando a que todo siguiera por el mismo bucle de aleatoriedad, pero es como si de repente todo se hubiera parado y sólo quedase tiempo y espacio para la conformidad, y si esto es una lección me parece que no quiero seguir aprendiéndola, si le digo la verdad.

Hoy me he visto a mí mismo como en un zulo enterrado bajo la tierra, a varios metros bajo el suelo y sin posibilidad alguna de mirar al exterior. Antes solía utilizar la claridad del cielo como último recurso para darle sentido a la vida, pero últimamente ya parece que ni capto eso, pero supongo que será otra fase, y no sé por qué pero últimamente está cobrando sentido, y me da absolutamente igual si mañana me demuestran que me estoy equivocando en lo que digo. Pero hay un problema, y es el atardecer. En aquel entonces contemplaba el ocaso como el niño que contempla un escaparate de juguetes en fechas próximas a Navidad, como el amante que se despierta de madrugada y se queda anonadado mirando a su pareja sintiendo la plenitud del sentimiento que embriaga la habitación tras capitular sus gritos y sudores. Y es que junto a la basura hay un cuerpo, señorita, y ese cuerpo que parece consumido para siempre tiene una esperanza, vana desde fuera, no sabría ser claro en eso (ni en eso ni en muchas otras cosas, supongo), una estrella pequeña pero muy resplandeciente, que espera su hora para volver a incrustarse en el firmamento, como presume haber hecho antaño.

Pero es que desde un agujero sin luz no se puede saber cuándo atardece, y el atardecer es como el amor verdadero, no espera a nadie. Se pasa el vagabundo día tras día en su pequeño vertedero particular intentando predecirlo, anota la hora y el instante en que atardeció ayer, pero de nuevo falla, es demasiado tarde, y ya no le quedan fuerzas para despertar más temprano de lo que debería, siempre se deja llevar por su intuición y no se da cuenta de que está viendo pasar la vida frente a sus ojos sin mover un dedo para alcanzar sus sueños. Maldice al día por terminar diez minutos antes de lo que sueña, odia a la noche por haberle quitado la luz del sol. Y mientras se apoya en una farola, mira pasar las multitudes pretendiendo permanecer inerte ante el cambio, y cuando se da cuenta de que lo que está haciendo está mal rompe en ira y apaga todas las luces de la ciudad de un grito.

¿Quién le iba a decir hoy al pobre romántico que a las diez de la noche no era todavía de noche?

Quimera

lunes, 25 de mayo de 2009

Das Wasser soll dein Spiegel sein

Ya no se escriben poemas por aquí, la música los ahogó en una rebelión de acordes que ensombrecieron su propio valor. La rima sería redundante en un texto sordo, un amago de recuperar la gloria pasada, es imposible mostrarse desobediente ante la dictadura de la tendencia, es imposible bañarse en letras y encontrar allí un jardín, un jardín que se inventó en letras y que, hoy por hoy, la voz del decadente vagabundo, del bohemio de voz penetrante, hace de un vertedero algo muchísimo más atractivo.

Y es que ya no queda nadie capaz de saborearlo, no está de moda la sensibilidad, no está de moda enamorarse de un golpe de brisa otoñal, no. No podrás enamorarte más, no podrás comprender el por qué de los impulsos, jamás sabrás por qué te hicieron sentirte así, jamás le verás la cara al verdugo, un verdugo moribundo, quizás, a lo mejor estaba enamorado de ti, nunca lo sabrás. Si es que los poemas no pueden hacer que el verdugo se quite la capucha, que el verdugo se arrodille ante ti, que ponga la cabeza en el tocón y que le apasione la idea de ser decapitado.

A veces siento que exploto, que no puedo dibujar siquiera el boceto de lo que siento, pero sé muy bien lo que tengo que hacer, y que eso es sólo para mí, para mí y para nadie más. Si es que en dos horas puedes sentir cómo todo se tambalea, cómo un huracán de sinceridad y arena destroza toda esa casa que tardaste dos meses en construir, un guiño del pasado que, una vez más, ha conseguido engañarte de una forma tan magistral que debería subyugarte a su voluntad de una vez por todas, así como tus rodillas ya están desolladas de tanto estamparse contra el suelo.

¿Quieres dejar de intentar mirarte a ti mismo desde la lejanía? Si es que ha pasado tanto tiempo desde que presumías ser feliz, ha llovido tantísimo que no sabes siquiera cómo empezar a darle vueltas a tus problemas, y por otra parte anhelas que haya algo que te persuada de ello, pero ese algo no llega y te da muchísima rabia, es entonces cuando empiezas a hacer estupideces pensando que hay algún tipo de panacea que cure todas tus enfermedades, y lo único que logras con eso es seguir rizando el rizo. Eres mucho menos importante de lo que pensabas y no aceptas la realidad de ninguna forma.

Pues si el ego es el problema no se ve con claridad en ningún momento, a veces no sé por dónde buscar para lograr lo que quiero, y eso se puede ver sin darle demasiadas vueltas. Mi vida está perdiendo el encanto poco a poco y ya ni me planteo concebirme a mí mismo desde fuera, porque no queda nada sobre lo que sostenerse. A veces, sin pensarlo, me aferro a una fe ciega en mi persona, pero tan ciega que ni ve su razón de ser, a lo mejor es pura decadencia o sólo una muestra de cómo soy en realidad, no lo sé, pero en ocasiones me dan ganas de gritar a los cuatro vientos, de explotar en medio de una sudorosa multitud para que se den cuenta de una vez por todas de que aquí no hay ningún perdedor.

¿Pero no te das cuenta de lo sumamente simple que eres? Después de darle mil vueltas a tus problemas has llegado al fondo de todo basándote en una afirmación muy simple, te limitas a mostrarte como un ser competitivo y quieres ser mejor que los demás, no eres fiel a tus principios y ahí está el patetismo de tu persona, a lo mejor si dejases de ver la vida como algo tan lineal no te llevarías las decepciones que constantemente te llevas. A lo mejor lo decadente no es el mundo sino tú, y deberías empezar a aceptarlo.

Ya no quedan fuerzas para aceptar nada, para seguir pensando, tampoco poemas en los que refugiarse ni musas que soplen entre los acordes de una melodía triste y patética. Sé que por mucho que escriba jamás lograré con ello lo que busco, ni siquiera algo tan banal como el dinero, la cerveza o la felicidad, que hasta el ser más repugnante puede acceder a ella democráticamente con las mismas papeletas, o quizás más, que yo. Ya no quedan más palabras que decir ni más recuerdos en los que regodearse.

Fin.

Quimera

jueves, 23 de abril de 2009

El espejo

¿Se puede luchar contra el cambio de los modos de hacer las cosas? Francamente me está costando evitar operar como lo he hecho hasta ahora, quizás necesite ser así para ser plenamente sincero conmigo mismo, aun así me cuesta trabajo comprobarlo. Mil lenguas de hielo congelan mi corazón a veces, a lo mejor hay una desaprobación colectiva sobre la legitimidad de mis propios sentimientos… Oh, ya has vuelto a intentar racionalizarlo todo, ¿acaso pretendes ocultar que te mueres por escapar de la jaula que tú mismo te has creado? A lo mejor es hora de derretir la estatua de hielo en la que me he convertido, pero también es probable que si lo hago la desaprobación sea colectiva, de nuevo… ¿Mostrarme sincero con los demás o simplemente limitarme a guardar mis cosas para mí? Necesito gritar, pero sería como profanar algo que se presume como puro, pero es que ese tipo de cosas no se pueden gritar así como así, o al menos yo me veo incapaz de hacerlo.

Si pudiera tan siquiera pronunciar lo impronunciable y guardando el encanto que me invade en este momento… Si pudiera ser plenamente sincero sin banalizarme en bocas inmundas, nada me deja saltar al vacío, nada me deja morirme de deseo y nada, nada logra quitarme el miedo que me invade.

Anoche la ignorante inocencia se cayó por la ventana de un palacio en Luxemburgo, algo me borró de la mente la necesidad de hacer del mundo un lugar algo más cómodo con mi incesante aliento deflagrador. Pero es la brisa que me acaricia al caminar la que me recuerda que algo no va bien del todo, que algo tiene que ponerse en orden y que no puedo quedarme contemplando el vago transcurso de mi vida sin hacer nada para remediar los incoherentes vaivenes de mi inestabilidad emocional.

Y esta noche estaré loco de nuevo, estaré gritando en sueños y maldeciré mi destino, mi maldita imprudencia. Me lanzaré al vacío con el único propósito de poder gritar desde abajo, y mañana al levantarme volveré a poder ser libre, aun deseando estar atado, pero con la certeza de que si eso no es posible lo mejor es seguir volando, puesto que si algo puedo tener claro en este momento es que fuerzas no me faltan para hacerlo.

Líricamente

Quimera

domingo, 19 de abril de 2009

Agua

Los ríos son capaces de helarse, a veces hasta las cataratas se convierten en un cuadro sólido, un espejo del alma que paraliza el movimiento en un solo instante. Ese hielo es capaz de calarte los huesos, y al mismo tiempo puede insinuar un camino que se va marcando a sí mismo por el curso del agua. Puedes predecir cómo será el día en el que todo llegue al mar, puedes ver a lo lejos un meandro, a lo mejor un delta, pero nunca lo sabrás con precisión, y esa es la esencia del propio cauce.

El fuego teme que el agua apague su esencia, las rocas temen que erosione su espíritu con el golpe despiadado de la fuerza de las olas, así como el cielo ha acabado por resignarse a la llana presencia del mayor poder que descansa en una sinfonía que, poéticamente, pasa desapercibida ante los ojos de quien no puede hacer nada para enfrentarse a ella. Se ha quedado grabada esa imagen en lo más hondo de tu corazón y ya es hora de que te des cuenta de que así es como debes de tomarte las cosas.

No deja que seas feliz, no permite el hecho de que goces de la libertad que no le pertenece, está demasiado quemado y no quiere darse cuenta de que ha llegado la hora de retirarse del juego. ¿Odio? No, decían que el odio no te aportaba nada, no le des tanta importancia a alguien que no se la merece, pero cuando ese alguien lleva junto a ti desde que naciste es un poco más difícil.

La nostalgia puede invadirnos, y es muy difícil lograr expresar lo que se siente cuando te das cuenta de que en el fondo la situación es mucho más penosa de lo que parecía, que la fortaleza está hecha con acrílico de pusilanimidad, que no quedan más lágrimas en unos ojos que las anhelan, no queda más fuego en un corazón que, de tanto calor, ha acabado por secarse como se secan los argumentos expulsados por su lengua marchita.

Perdió la esperanza de seguir intentando sentir lo que no puede de ninguna manera, las hojas de su diario salieron volando por la puerta en el momento en el que la abrió por primera vez para sacar su ira a la calle. Se pudrió su sueño, su propia vida se pudrió junto con las flores cuyos pétalos caían desde lo alto desde siempre hasta esta primavera, la poesía lo abandonó junto con sus principios, lo consumieron sus dramas y prefirió callarse, no se atreve a probarse a sí mismo porque sabe que podría llegar a odiarse más de lo que se odia a sí mismo sin planteárselo. Simplifica las cosas porque prefiere no profundizar en sus preocupaciones por si lo destrozan, y probablemente lo hagan.

En momentos como este dan ganas de quemar todo para poder seguir adelante con un nuevo cauce, acabar con todo lo que llene la cabeza de cosas inútiles.

No sé si de repente todo va mal con todo el mundo o es que mi Messenger está dando trastazos.

Quimera

miércoles, 15 de abril de 2009

Destrucción

Una de las controversias mayores de esta sociedad. Muchas veces intentamos evitarla, otras la asumimos, en ocasiones nos regodeamos en ella, pero francamente nunca nos paramos a pensar cuál es la naturaleza, a veces preferimos inventárnosla con tal de idealizar nuestra propia figura, y pretendiendo de algún modo que los demás comprendan la perfección de nuestro ser, es en este caso cuando creamos la mayor mentira sobre nosotros mismos.

Se habla de gente mala, personas cuyas capacidades les dan el poder para destruir de la forma más retorcida posible, individuos que asumen su naturaleza egoísta y deciden no sucumbir a sus propios actos. Con respecto a este tipo de destrucción me decanto por distinguir entre la maldad astuta y la ingénua, recalcando el valor peyorativo del último calificativo, ya que éstos no son capaces de hacerle daño ni a una mosca a efectos prácticos, ya que normalmente les suele salir el tiro por la culata. Te muerdes la lengua y te envenenas, quizás sea el mayor insulto a posteriori de una persona de esta calaña, ya que resalta el patetismo de su propia voluntad, denigrando su persona a una rata rastrera digna de ser devorada por gente que la supere en astucia. Si es que la maldad es astucia al fin y al cabo, señores, y el ser malvado suele ser consecuente con sus propios actos, portando consigo de ese modo lo que yo llamo "valor puro de justicia", ya que la corrupción de nuestras intenciones tiene que ser lo más clara posible para no dispersarse en la acción, para nosotros mismos, claro está.

Pero esta "maldad" no es la esencia de la destrucción, ni mucho menos. Un mundo formado sólo por villanos sería lo más parecido al paraíso que podamos imaginar, y es difícil de concebir, pero del análisis estándar y simplista de la idea del caos aparecen diversos "paladines" que parecen haber llegado a la tierra para imponer su "santa bondad".

Hablemos ahora de esos guerreros, esa gente que opina que la naturaleza del ser humano es limpia e inocente, sin haberse dado cuenta de que han tropezado con el peor vicio de todos, la sucia soberbia, que no la limpia, claro está. Porque de estos mesías está el mundo lleno, oiga, el ser políticamente correcto con todo el mundo, el respeto a la sensibilidad de todas las personas y la queja constante contra factores de la sociedad, que si por ellos fuera serían inmutables para siempre, ya que parece que estos individuos no pueden crecer sin la lucha constante contra lo que los alimenta. Cría cuervos y te sacarán los ojos, dice el refrán.

Decadentes, pobres, oligofrénicos... A menudo nos encontramos con juicios esbozados por nosotros mismos sobre estos individuos, sobre todo porque el que sabe mirar se dará cuenta de que detrás de todo este trasfondo magnífico existe otra verdad bien distinta, y eso tiene un nombre, señora, y se llama hipocresía. Tontos que creen hacer lo correcto cuando en el fondo están imponiendo su "verdad absoluta" sobre todos los demás, fingen ser lo que no son para poder mostrarse a los demás como "ejemplos a seguir", y a menudo no les basta con eso sino que tienen que contaminar planos que nos ofrecen una visión amplia de lo que hay en realidad, pura incultura, y ahí es adonde quería llegar.

Esta mañana he bajado a desayunar y, como siempre, estaba puesta la radio. No es que en mi casa se preste demasiada atención, digamos que forma parte de una sinfonía junto con el pitido de la máquina de café y el crepitar de los croissantes mixtos de la sandwichera. Ponemos Radio Nacional de España porque en mi casa se cae en el tópico de que los medios de comunicación públicos suelen ofrecer un punto de vista más objetivo de las noticias que dan, pero francamente raro es el día en el que no me topo con una excepción cada vez que me paro a escuchar por aburrimiento lo que están diciendo con el único fin de acompañar con algo el café americano, y hoy ha vuelto a pasar.

Se ve que a la hora a la que estoy a punto de salir de casa emiten las noticias sensacionalistas a modo de telegrama, dejando ver el interés de los locutores por ofrecer todo lujo de detalles en los sucesos más macabros y morbosos que podamos llegar a imaginar. De repente me pareció escuchar "un hombre degolla a su marido", así que mi instinto cotilla se dejó llevar por lo que decían a continuación. Por un momento pensé que no había entendido bien lo primero, porque me pareció oír "otro caso de violencia de género", pero me equivocaba, de hecho justo después me quedé atónito al percatarme de que por mi radio salía la frase más paradójica jamás presente en mi cocina: "El primer caso de violencia de género en parejas del mismo sexo". Sí, Radio Nacional de España ha emitido semejante incoherencia semántica, y de forma voluntaria, váyase usted a pensar que estaban coaccionados por algún obispo. Para quien no entienda esta falta me limitaré a usar el diccionario de la Real Academia, aunque esté en desacuerdo con la autoridad de esta institución, pero haremos un paréntesis:

género.

(Del lat. genus, genĕris).

1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

2. m. Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas. Ese género de bromas no me gusta

3. m. En el comercio, mercancía.

4. m. Tela o tejido. Géneros de algodón, de hilo, de seda

5. m. En las artes, cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según rasgos comunes de forma y de contenido.

6. m. Biol. Taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres.

7. m. Gram. Clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra.

8. m. Gram. Cada una de estas formas.

9. m. Gram. Forma por la que se distinguen algunas veces los nombres sustantivos según pertenezcan a una u otra de las tres clases.

~ chico.

1. m. Clase de obras teatrales musicales de corta duración y de ambiente costumbrista o popular, que comprende zarzuelas, sainetes y comedias.

~ femenino.

1. m. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo femenino, algunos animales hembra y, convencionalmente, seres inanimados.

2. m. Gram. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de génerofemenino.

~ literario.

1. m. Cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras literarias.

2. m. subgénero.

~ masculino.

1. m. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo masculino, algunos animales macho y, convencionalmente, seres inanimados.

2. m. Gram. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de género masculino.

~ neutro.

1. m. Gram. En algunas lenguas indoeuropeas, el de los sustantivos no clasificados como masculinos ni femeninos y el de los pronombres que los representan o que designan conjuntos sin noción de persona. En español no existen sustantivos neutros, ni hay formas neutras especiales en la flexión del adjetivo; solo el artículo, el pronombre personal de tercera persona, los demostrativos y algunos otros pronombres tienen formas neutras diferenciadas en singular.

de ~.

1. loc. adj. Esc. y Pint. Dicho de una obra: Que representa escenas de costumbres o de la vida común. Cuadro de género

2. loc. adj. Dicho de un artista: Que la ejecuta. Pintor de género



Bien, podríamos analizar todos los valores de esta palabra, pero francamente resulta más que evidente el hecho de que "violencia de género" no se refiere a una obra de arte hecha por algún "violento" que represente un marco de la vida cotidiana, creo yo que se refiere más a "violencia entre géneros", cuando un género agrede a otro estando la moral, la genética y el respeto en su contra. En ese caso existen dos razones, desde mi punto de vista, por las cuales quienquiera que sea el que ha pronunciado semejante aberración pueda considerar que su expresión ha sido correcta. La primera es probablemente la menos real, ha querido destacar que, en su opinión, en una pareja de personas tiene que haber dos géneros por la fuerza, y ha presupuesto de algún modo que el "macho" ha degollado a la "loca", basándose en los principios morales que desgraciadamente tiene este país. La segunda y la más probable causa de la desestructuración del area de Wernicke de este individo sea el afán por ser políticamente correcto. Si se defiende la palabra "matrimonio" frente a "unión conyugal" ¿por qué no va a existir violencia de género? Seguramente haya sido un intento del periodista de darle algo más de salsa a la situación, ya que hay dos temas de moda si los juntas en un titular serán la bomba. Tampoco es muy difícil apreciar el matiz que los separa irremediablemente, aunque supongo que quien escucha la radio simplemente para escandalizarse por ese tipo de cosas no piensa demasiado en la verosimilitud de los juicios del locutor en cuestión.

¿Dónde quedaron los crímenes por celos, la tragedia romántica homosexual que tantas veces nos ha emocionado enseñándonos cosas sobre cómo enfocar nuestros propios sentimientos? Aquiles y Patroclo, el asesinato de los efebos en roma... todo ha quedado vanalizado al "primer caso de violencia de género entre personas del mismo sexo". No se da cuenta de que ha reflejado sin darse cuenta una homofobia muchísimo más grave que la que puedan tener los curas que salen por la televisión diciendo que es una aberración. Porque gente como este locutor pretenden ser políticamente correctos, presumen de tolerancia cuando en el fondo opinan lo mismo que todos, que la homosexualidad es algo fruto de los nuevos tiempos. ¿Cómo se va a progresar si dejamos que gente de esta calaña represente a la minoría progresista de este país?

Supongo que otro día analizaré en más profundidad la imbecilidad colectiva que nos asola últimamente, ahora me abordan otros temas y me considero prácticamente incapaz de seguir desarrollando la idea.

Sí, hay muchos tipos de maldad, pero la maldad inconsciente es la única capaz de destruir realmente lo poco que queda con significado en nuestra sociedad. Hasta al comunicarnos se nos cuelan las grietas de lo vanal.

Con una especie de frustración literaria.

Quimera

martes, 14 de abril de 2009

Preludio

Como si se recitase un poema sin ningún orador dispuesto a hacerlo, como una bestia inmunda que pudre la tierra que pisa sin ningún tipo de respeto por la existencia. Un alma egoísta que asciende sin preocuparse por nada, una invención de la propia perfección a través de la perfecta monstruosidad. Convirtió en mítica una imagen paupérrima de su propia existencia, incluso llegó un momento en el que su propio aliento se convertía en llamas. Se vio a sí mismo refiriéndose a él en tercera persona y pensó, por un momento pensó que estaba haciendo las cosas mal, así que se detuvo a pensar en si era necesario dejar de componer el primer texto que mostraba al mundo en casi medio año a base de frases cortas. Se dio cuenta de que ya no era necesario usar un eufemismo para describirse y se resolvió, de repente, a poner un punto y aparte.

La vuelta a lo público ha sido en los últimos días un dilema existencial bastante importante en mi visión del entorno. Si me preguntase por qué no puedo escribir sin sentirme un mentiroso sentimentalista probablemente no podría haber empezado a desarrollar lo que se dice mi "propio arte", porque francamente pienso que hay cosas que hay que aceptar con el único fin de dejar de elaborar juicios inútiles contra ti mismo simplemente para mermar tu ego. Cuando digo "cosas" me refiero a valores ajenos, probablemente, porque si existe en ti la voluntad de expresar algo y te sientes lo suficientemente fuerte y sincero como para empezar a hacerlo, el hecho de caer en el pecado original de la generalización no hace otra cosa que quitarle peso a la abstracción, y eso en mí me daría mucha pena, puesto que la abstracción es uno de los elementos a los que más salida le doy, y a lo mejor al leer esto pensáis que soy un pragmático cuya máxima es la verborrea bien cohesionada y un buen tocho cargado de realismo inamovible. En ese caso lamento decir que eso no es así, al fin y al cabo todo prólogo tiene su parte práctica, una visión objetiva que procura transportar pensamientos y no sentimientos, no será por ganas de ponerme poético, eso seguro, pero opino que una introducción sólida es algo importante, junto con una introducción sobre el autor.

Mi nombre es Guillermo, los apellidos son francamente irrelevantes, me molesta esa costumbre norteamericana de usar el apellido como un calificativo, así que como "Guillermos" hay muchos por aquí firmaré como Quimera. Si explicara las razones de mi pseudónimo francamente podría destrozar la esencia de mi joven blog, así que me limitaré a nombrarlo simplemente, y ya el lector que se pare a contemplar la esencia de cada texto tendrá la oportunidad de fundirse con mi lógica literaria.

¿Mi edad? Considero que eso sí es bastante relevante. Tengo diecinueve años, pero me considero una persona vieja. No me gusta tener en cuenta la edad por los años vividos, hay gente con sesenta años que no ha vivido la mitad que yo, y por derecho romano les gusta considerarse sabios, pero eso es algo que tiene que demostrarse al fin y al cabo, aunque también es cierto que "más sabe el diablo por viejo que por diablo" y, aunque odio parecer Sancho Panza, considero que ese proverbio es bastante verosímil.

¿A qué me dedico? Pues se supone que estudio, y la verdad es que creo que más o menos sobrellevo mis responsabilidades. Mi rama son los idiomas, supongo que para intentar comprender al mayor número de gente posible, es mi vicio al fin y al cabo. Supongo que en más de una ocasión utilizaré esta metáfora para intentar definir mi incompleto concepto de mí mismo con el único fin de poder aclarar al lector, y es importante destacar que el primer lector seré yo.

Mis aspiraciones son demasiado variopintas y en muchas ocasiones ni yo mismo soy capaz de esclarecer ese aspecto de mi persona. Me considero una persona ambiciosa en muchos sentidos, y valoro quizás demasiado esa cualidad, puede que irremediablemente, no lo sé, pero supongo que tarde o temprano me pararé a pensarlo. Me gusta viajar y echar a andar sin rumbo fijo, teniendo presentes mis impulsos en todo momento, porque sé que son lo más parecido al camino "correcto", si puede emplearse ese adjetivo, que pueda tomar. Esos impulsos quizás sean mis propios verdugos, pero tampoco tengo elección de plantearme otra forma de ser. Soy fuego y así es como funciono, tendré que vivir con ello porque es la personalidad que más se adapta a mí, la mía al fin y al cabo.

En el plano sentimental soy pura dualidad por decirlo de algún modo. Por una parte intento hacer de las situaciones pura pasión, la historia de amor más bella jamás escrita, pero por otra parte sé que esa historia no puede escribirse a partir de mis ideas, así que dejo que sea la corriente la que me lleve río abajo, no sé si el mar será un infierno o un paraíso, pero no quiero pisar la tierra en ningún momento, a lo mejor es porque las veces que lo he hecho he acabado dándome contra las rocas.

¿Corazón quemado? A veces puedo ser tan sumamente dramático que me cuesta evitar vaticinios ególatras de mi apocalipsis particular, pero de algún modo considero que la mejor forma de darse cuenta de cómo van estas cosas es asumiendo la realidad, la naturaleza de la actitud. Puede que tenga el corazón quemado, y si es verdad no puedo saberlo, puesto que está tan sumamente chamuscado que difícilmente puedo llegar a encontrármelo.

Me duele la cabeza y me siento incapaz de expresarme con claridad, y tampoco me sale la belleza por ninguna parte. Si la musa llega mañana supongo que podré empezar con mi relato, una historia que se cuenta a sí misma con un arrebato de sentimientos descontrolados, a veces historias, pretendo.

Con alfileres en la cabeza.

Quimera