La vuelta a lo público ha sido en los últimos días un dilema existencial bastante importante en mi visión del entorno. Si me preguntase por qué no puedo escribir sin sentirme un mentiroso sentimentalista probablemente no podría haber empezado a desarrollar lo que se dice mi "propio arte", porque francamente pienso que hay cosas que hay que aceptar con el único fin de dejar de elaborar juicios inútiles contra ti mismo simplemente para mermar tu ego. Cuando digo "cosas" me refiero a valores ajenos, probablemente, porque si existe en ti la voluntad de expresar algo y te sientes lo suficientemente fuerte y sincero como para empezar a hacerlo, el hecho de caer en el pecado original de la generalización no hace otra cosa que quitarle peso a la abstracción, y eso en mí me daría mucha pena, puesto que la abstracción es uno de los elementos a los que más salida le doy, y a lo mejor al leer esto pensáis que soy un pragmático cuya máxima es la verborrea bien cohesionada y un buen tocho cargado de realismo inamovible. En ese caso lamento decir que eso no es así, al fin y al cabo todo prólogo tiene su parte práctica, una visión objetiva que procura transportar pensamientos y no sentimientos, no será por ganas de ponerme poético, eso seguro, pero opino que una introducción sólida es algo importante, junto con una introducción sobre el autor.
Mi nombre es Guillermo, los apellidos son francamente irrelevantes, me molesta esa costumbre norteamericana de usar el apellido como un calificativo, así que como "Guillermos" hay muchos por aquí firmaré como Quimera. Si explicara las razones de mi pseudónimo francamente podría destrozar la esencia de mi joven blog, así que me limitaré a nombrarlo simplemente, y ya el lector que se pare a contemplar la esencia de cada texto tendrá la oportunidad de fundirse con mi lógica literaria.
¿Mi edad? Considero que eso sí es bastante relevante. Tengo diecinueve años, pero me considero una persona vieja. No me gusta tener en cuenta la edad por los años vividos, hay gente con sesenta años que no ha vivido la mitad que yo, y por derecho romano les gusta considerarse sabios, pero eso es algo que tiene que demostrarse al fin y al cabo, aunque también es cierto que "más sabe el diablo por viejo que por diablo" y, aunque odio parecer Sancho Panza, considero que ese proverbio es bastante verosímil.
¿A qué me dedico? Pues se supone que estudio, y la verdad es que creo que más o menos sobrellevo mis responsabilidades. Mi rama son los idiomas, supongo que para intentar comprender al mayor número de gente posible, es mi vicio al fin y al cabo. Supongo que en más de una ocasión utilizaré esta metáfora para intentar definir mi incompleto concepto de mí mismo con el único fin de poder aclarar al lector, y es importante destacar que el primer lector seré yo.
Mis aspiraciones son demasiado variopintas y en muchas ocasiones ni yo mismo soy capaz de esclarecer ese aspecto de mi persona. Me considero una persona ambiciosa en muchos sentidos, y valoro quizás demasiado esa cualidad, puede que irremediablemente, no lo sé, pero supongo que tarde o temprano me pararé a pensarlo. Me gusta viajar y echar a andar sin rumbo fijo, teniendo presentes mis impulsos en todo momento, porque sé que son lo más parecido al camino "correcto", si puede emplearse ese adjetivo, que pueda tomar. Esos impulsos quizás sean mis propios verdugos, pero tampoco tengo elección de plantearme otra forma de ser. Soy fuego y así es como funciono, tendré que vivir con ello porque es la personalidad que más se adapta a mí, la mía al fin y al cabo.
En el plano sentimental soy pura dualidad por decirlo de algún modo. Por una parte intento hacer de las situaciones pura pasión, la historia de amor más bella jamás escrita, pero por otra parte sé que esa historia no puede escribirse a partir de mis ideas, así que dejo que sea la corriente la que me lleve río abajo, no sé si el mar será un infierno o un paraíso, pero no quiero pisar la tierra en ningún momento, a lo mejor es porque las veces que lo he hecho he acabado dándome contra las rocas.
¿Corazón quemado? A veces puedo ser tan sumamente dramático que me cuesta evitar vaticinios ególatras de mi apocalipsis particular, pero de algún modo considero que la mejor forma de darse cuenta de cómo van estas cosas es asumiendo la realidad, la naturaleza de la actitud. Puede que tenga el corazón quemado, y si es verdad no puedo saberlo, puesto que está tan sumamente chamuscado que difícilmente puedo llegar a encontrármelo.
Me duele la cabeza y me siento incapaz de expresarme con claridad, y tampoco me sale la belleza por ninguna parte. Si la musa llega mañana supongo que podré empezar con mi relato, una historia que se cuenta a sí misma con un arrebato de sentimientos descontrolados, a veces historias, pretendo.
Con alfileres en la cabeza.
Quimera

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