Verás, Victoria, voy a irme por mucho tiempo fuera de este lugar, de “nuestro” lugar. No sabes cuánto lamento mi partida, pero es necesario y sé que si superamos esto ya nada podrá con nosotros, ya nada nunca nos arrebatará al uno del otro.
Es que puedo decirte que desde el momento en el que te vi no has dejado de sorprenderme, en cada instante tu voz parecía más dulce que en el anterior, y poco a poco se me ha ido olvidando la realidad, he valorado cada segundo, incluso sabiendo que no te podía besar apasionadamente, que mis impulsos debían contenerse, pero poco a poco me enseñaste que valía la pena esperar por ti, y ahora te pido que esperes tú por mí.
Y es que lo que para algunos parecen segundos para mí han sido milenios. Hasta que llegaste estuve prácticamente una eternidad pensando que jamás me lanzaría al vacío, aunque para ti a lo mejor puedan ser semanas, pero créeme que si pudieras sentir lo que yo siento, y vendería mi alma al mismísimo Satanás si eso fuera así, créeme, si sintieras lo que yo siento sabrías que no son sólo palabras, y si lo fueran hazme caso que podría estar hasta el fin de mis días repitiéndolas sin parar. Sé que no te van a atar a mí como me gustaría que lo hicieran, y sé que ves lo vulnerable que soy ante ti en este momento, pero quiero que sepas que un corazón late por ti, y aunque nos separen millas te prometo que seguirá palpitando con el simple aroma de tu recuerdo, Victoria.
-Un tallo lleno de espinas, mil capullos color burdeos y una rosa carmesí-
Mírala, Victoria, parece que se ha inclinado sobre nosotros para custodiar nuestros corazones por siempre. Cómo envidio a las rosas, saben más del amor en lo que tarda en acabar el mes de mayo que nosotros en toda una vida de tortura y pasión. Es tan roja como tus labios, tan bella como tus ojos y tan pérfida como la inseguridad que ahora mismo me corroe por dentro. Pero aun así sé que mientras ese color rojo exista, mientras esa belleza salvaje sepa capturar tu mirada, mientras sepa guardar los besos que te guardaste para mí, mientras sepa cautivarme una milésima parte de lo que me cautiva tu voz, la voz de tu alma. Sí, necesito tenerla junto a mí, necesito arrancarla para saber que te tendré aquí por siempre. No, no hace falta que me digas nada, mientras tenga esta rosa en mis manos sabré que estarás para mí, ahí, por siempre.
-Se dispone a cogerla. De repente una espina se le clava en medio de la mano y comienza a caer un reguero de sangre, se ve obligado a apartar la mano y a alejarse de la rosa.-
Si es que llevo razón. Esta maldita rosa sabe incluso cómo hacerme daño, sabe cómo ser bella sin dejarse tocar, sin dejarse arrancar, tiene más dignidad de forma natural que la que intento tener yo de todas las formas posibles. Quiero demostrarte que te amo, y necesito esa rosa para hacerlo, quiero que haya algo que nos ate por siempre. Porque esa rosa es como tu corazón cuando me vaya de aquí, pletórica de belleza guardada para mis noches, pintada de rojo por tu boca ausente y rodeada de espinas que impidan tocarla. Y es que no puedo tocarla, no puedo hacerme con ella y no soy capaz de deteriorar esa belleza. Te prometo como no he prometido nada en mi vida que mientras tenga la rosa para recordarte te amaré por siempre, así estaré seguro de que nada te podrá amar más mientras yo no esté, y entonces sabré que tienes una razón por la que sonreír. Y créeme que tengo razones para ver en esa flor un augurio de la nostalgia corrosiva que sentiré mañana al no poder verte, pero te amo tanto que ya ni puedo pensar en mí, así que si hace falta me desangraré aquí mismo si con eso puedo conseguir llevarme esta flor, y llevarte conmigo hasta que volvamos a vernos.
-Ella extiende la mano y el tallo que sujeta la rosa parece haber querido desprenderse del matorral-
Llevaré esta rosa conmigo, mi amado, sólo para saber que algún día vendrás a recogerla. Tú tendrás que confiar a cambio en que yo la cuidaré más que a mí misma, y que si se marchita con ella lo hará mi corazón, y ya sólo quedarán espinas. Y ese rojo no es el rojo de mis labios, sino el rojo de la sangre que pensabas derramar al intentar llevar mi corazón contigo. No, mi amor, se quedará aquí a mi lado, y serás tú el que tendrá que tener fe en que te estará esperando a tu regreso. Para que me recuerdes como soy en realidad, para que no me confundas con una simple concubina.
Bésame, Victoria.
¿Aún no comprendes, amor, que tus besos son espinas?
Herr Straßermann
