¿Qué haces despierta a estas horas? Entiendo que no puedas conciliar el sueño después de todo lo que ha pasado hoy. Apenas quedan flores en el jarrón y casi parece gritar el reloj al dar las doce, pero las doce pasaron hace ya un rato y entiendo que no te preocupen este tipo de cosas. Tengo que confesarte que tus silencios me destrozan por dentro cada vez que pienso en cómo podrás contestarme y no lo haces, no sé si es que no me escuchas o es que no tienes nada que decir, y en cualquier caso me afectaría, pero estoy demasiado cansado como para preocuparme por eso.
En realidad me he despertado para verte, sabía que ibas a estar aquí, dejándote llevar por el transcurso progresivo de las horas y ni quiero pensar en si has recapacitado sobre lo que te he dicho esta tarde. Como sé que bajo ninguna circunstancia las palabras sobran me gustaría abrirme un poco más a ti, no por otra cosa sino por inseguridad, y siempre pienso que contar las cosas así tal cual te proporciona mucha más firmeza en la toma de decisiones, o al menos se supone que es así. Yo por lo pronto estoy absolutamente desconcertado, no todos los días confiesas tu amor a alguien que, probablemente, no se lo espera, y comprendo perfectamente que necesites tu tiempo para recapacitarlo, pero no puedo evitar estar impaciente porque, como bien sabes, soy una persona muy insegura a la hora de decir cosas como ésta, y como te considero especial no quiero pensar que las cosas van a cambiar entre nosotros después de lo que te he dicho, porque créeme que lo último que quiero en este mundo es hacerte daño, y sé muy bien que perderme te lo haría, no por otra cosa sino porque sé que muchas veces piensas en mí, aunque no estés enamorada, pero al menos lo haces, sea como sea, y eso me da la serenidad que necesito porque significa que dedicas parte de tu tiempo para que pueda invadirte la cabeza, y hazme caso, en este momento no lo puedo concebir de otra forma que como lo concibo yo.
Si es que son años de soledad, a veces intento discutir con el destino para que cambie un poco por mí, pero me parece que es él el implacable, por mucho que me pese. Y es que aunque parezca que soy muy vulnerable me mantengo en mis principios, el único miedo que tengo en este momento es el de que te alejes de mí a más distancia de la que estamos, no de que me quites la boca, sino la mano. He perdido la cuenta de las noches que he pasado cenándome los recuerdos de tu sonrisa, abrazando al aire simplemente por poder albergar un espejismo de tu persona, besando las amapolas y susurrando a tu puerta.
Y mírame ahora, no me callo ni queriendo, ni me dejo impresionar por la imagen que da de mí esta situación, tampoco me dejo llevar por mis miedos, lo que estoy haciendo es una especie de suicidio emocional por ti y, si no lo ha hecho ya, es cuestión de tiempo que se vuelva absolutamente irremediable. Sé que es precipitado pero creo que te quiero y que nadie te querrá jamás como yo lo hago, nadie podrá igualarme y no sé cómo hacer para que comprendas que para ser feliz sólo tienes que venir conmigo, que ya me ocuparé yo de llevarte de la mano hacia nuestra Hesperia particular.
-Llanto y subida de tono-
¿No te das cuenta de cómo estoy? No comprendo en absoluto por qué eres tan insensible conmigo, por qué ni siquiera me respondes ni por qué me abandonas delirando por tus huesos. Acepto que no me quieras pero por lo menos necesito saber que te importa cómo estoy, que me estoy ahogando sin ti, que por tu mirada yo lo doy todo, que me rindo ante tus labios y no me importa decirlo. Ya me da igual qué me digas, pero por favor, dime algo…
-Aproximación, manta en regazo, ojos oníricos, mueca placentera, sonrisa y despertar repentino-
-¿Estabas dormida?
-Estaba soñando contigo.
Herr Straßermann

No hay comentarios:
Publicar un comentario