miércoles, 26 de agosto de 2009

Insomnio II

Le gustaría haberse levantado antes. Se dice que si permaneces despierto nada puede pillarte de improviso y es francamente difícil merendarse una desagradable sorpresa cuando estás ahí siempre, sin esperarla, pero recibiendo absolutamente toda la información. Pero él no podía estar sin dormir, no era como aquella gente que decía haber estado días enteros sin pegar ojo, desafiando las leyes del organismo, aquella panda de embusteros que sólo saben exagerar para atribuir las casualidades de la vida a los escasos méritos personales que tienen. Era incapaz de mentir. Antes lo hacía muy bien, de hecho la gente se solía sorprender bastante con la facilidad que tenía para hacerlo, muchas veces de forma automática e indiscriminada, tan descarado que el mismísimo Diablo se habría sorprendido al percibir semejante sarta de calañas y falacias que, sin ningún pudor ni respeto por la moral ni la decencia, nacía de la boca de aquel ser que, durante años, habría pasado perfectamente por la reencarnación de Judas Iscariote, mis excusas por la blasfemia.

Pero él ya no era capaz de mentir. Hacía cosa así de unos meses que alguien le hizo ver que sus mentiras iban a ser vulnerables ante las bocas de los chivatos, de esa gente que habla más de la cuenta para desprestigiar las fantasías de los demás, y si imponían justicia nadie se la había pedido. Recordaba a un muchacho de su colegio, el delegado de la clase si no me falla la memoria, al que no le importaba mentir con tal de llamar la atención y captar una buena reputación, aunque fuera jugando sucio, daba igual quién mintiera mejor, simplemente había que salvar el pellejo y ahí no importaba quién mintiese mejor, sino quién era capaz de tener la sangre fría de traicionar la confianza de los demás sin importarle las consecuencias. Jamás llamó al pequeño Helmutt “amigo”, pero con Elsa fue diferente.

En el momento ni quiso pensar si Elsa tenía verdaderos motivos para hacer lo que hizo, pero llegados a extremos ya no podía hacer nada, supongo que siguió enamorado de ella hasta el final, pero afortunadamente de eso nadie tuvo consciencia, simplemente pensaron que Elsa era una celosa despechada que le traicionó por rencor, y si enfocásemos la situación desde otro punto de vista a lo mejor podríamos ver que los roles se disponían prácticamente a la inversa, pero a Franz se le daba muy bien mentir, como ya he dicho, y lo que mejor se le daba era ocultar sus sentimientos, tanto que a veces se olvidaba de que los tenía.

Apenas podía dormirse, así que metió la cabeza bajo la almohada y vio una fotografía de Elsa, supongo que se le había olvidado quemarla. Se preguntó por qué jamás le había confesado sus sentimientos y, acto seguido, otro de esos golpes de desconfianza le arrebató otro desprendimiento onírico, estaba claro que si Elsa hubiera sabido que Franz estaba enamorado de ella probablemente le hubiera roto el corazón de una forma muchísimo más despiadada, y a Franz le bastó con recordar el año en el que Elsa le fue poco a poco chupando la vida para sentirse tranquilo, no por estar solo sino por haberse alejado finalmente de ella.

Y sin más dilación se dispuso a cerrar los ojos. Las ovejitas se habían convertido en globos aerostáticos y la valla era una hermosa mujer pelirroja con un puñal detrás de la espalda. Una lanza de consciencia entró en sus sueños y cuando se despertó, dos horas más tarde, le faltó tiempo para pensar que si no seguía solo se iba a volver a repetir la historia de Elsa, una y otra vez, hasta que la muerte los separase.

-No- Dijo Franz con cierta seguridad absolutamente fingida.

#29

1 comentario:

  1. Porque, al fin y al cabo, qué más da vivir en la otra punta del mundo si no se escapa de la otra punta de nuestra mente.

    Bonito debut, amigo mio. Bonito y doloroso debut.

    #47

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