martes, 1 de diciembre de 2009

Mensajero de desgracias

Mensajero de desgracias,

emblema del dolor y el miedo,

un Diablo con perspicacia

y un pájaro de mal agüero.


El mal encarnado en huesos,

frivolidad, mala fama, desprecio,

amargura, frustración,

amor sin deseo.


El romance de los cuervos,

un vagabundo maltrecho:

Soy verdugo del silencio

y no tengo sentimientos.


Aprendí a perder la guerra,

sin conocer la derrota.

Víctima de la soberbia

olvidé el color de las amapolas.


Las falacias que ignoré

no acallaron la injusticia.

Los deseos que desaté

se esfumaron con la brisa.


Mi reflejo se resignó

ante su propio rechazo

y una rosa regalé

para sentirme realizado.


Una reverencia indigna

ante los ojos del pecado.


Esa voz, sin pesar, ha demostrado,

intentando olvidar las misas

de un pastor degenerado,

con una cínica risa,

que su culpa no ha expiado.


Las mentiras no se besan,

la moral ya no es suicida,

sin voz mi pesar me pesa

emparedado en el muro de

[la agonía.


Duele la mezquindad dormida,

con carisma y dedicación

no pasó desapercibida

pero indiferente a los ojos

de la conciencia tranquila.


Herr Straßermann

2 comentarios:

  1. Disculpe, noble caballero
    Straßermann no es correcto, sino que se escribiría Straßemann.
    Ha cometido usted una incongruencia lingüistica.
    La próxima vez, conozca un poco más el alemán.

    : )

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  2. Sí, es cierto, se escribiría como usted dice; pero eso lo sé yo ahora, cuando escribí aquello y cuando se me asignó aquel sobrenombre.

    Responde de hecho a esa "incongruencia" como usted la llama, el carácter tan peculiar que adquiere.

    Thomas Mann lo habría entendido.

    La próxima vez, búsquese una vida.

    :)

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