Mensajero de desgracias,
emblema del dolor y el miedo,
un Diablo con perspicacia
y un pájaro de mal agüero.
El mal encarnado en huesos,
frivolidad, mala fama, desprecio,
amargura, frustración,
amor sin deseo.
El romance de los cuervos,
un vagabundo maltrecho:
Soy verdugo del silencio
y no tengo sentimientos.
Aprendí a perder la guerra,
sin conocer la derrota.
Víctima de la soberbia
olvidé el color de las amapolas.
Las falacias que ignoré
no acallaron la injusticia.
Los deseos que desaté
se esfumaron con la brisa.
Mi reflejo se resignó
ante su propio rechazo
y una rosa regalé
para sentirme realizado.
Una reverencia indigna
ante los ojos del pecado.
Esa voz, sin pesar, ha demostrado,
intentando olvidar las misas
de un pastor degenerado,
con una cínica risa,
que su culpa no ha expiado.
Las mentiras no se besan,
la moral ya no es suicida,
sin voz mi pesar me pesa
emparedado en el muro de
[la agonía.
Duele la mezquindad dormida,
con carisma y dedicación
no pasó desapercibida
pero indiferente a los ojos
de la conciencia tranquila.
Herr Straßermann

Disculpe, noble caballero
ResponderEliminarStraßermann no es correcto, sino que se escribiría Straßemann.
Ha cometido usted una incongruencia lingüistica.
La próxima vez, conozca un poco más el alemán.
: )
Sí, es cierto, se escribiría como usted dice; pero eso lo sé yo ahora, cuando escribí aquello y cuando se me asignó aquel sobrenombre.
ResponderEliminarResponde de hecho a esa "incongruencia" como usted la llama, el carácter tan peculiar que adquiere.
Thomas Mann lo habría entendido.
La próxima vez, búsquese una vida.
:)